Juan Lucangioli: “el camino al corazón es muy creativo y es siempre nuevo”
18 de mayo de 2026
Después de dieciséis años viviendo en el Valle de Uco, Mendoza, Juan Lucangioli regresa a Buenos Aires, para habitar otra vez la ciudad que lo vio nacer y crecer. El concierto en Bar de Fondo es la primera estación de una nueva etapa. El hilo que une es un recorrido de canciones propias, palabra y presencia, en un formato acústico e íntimo. El repertorio reúne composiciones de distintos momentos de su camino, junto a canciones recientes, como "Irán", "Nos escribimos cartas" y "En la huella de Facundo". Además incluirá una pequeña sección con armonio - instrumento de la India - donde clásicos como "Himno de mi corazón" de Los Abuelos de la Nada se convierten en algo parecido a una oración. Una noche para compartir el viaje más corto y más profundo: de la mente al corazón. Luego de la edición de su séptimo disco en 2024,"Caleidoscopio", Juan compuso y grabó nuevo material, que fue lanzando a manera de singles: "Animate a caer" (enero 2025), "¿Qué será?" (marzo 2025), "Pablito canta" (abril 2025) - homenaje a Pablo Milanés-, "Tiempo de perdonar" (mayo 2025) - grabado en Barcelona junto a Ana K García, "A semejanza del Amor" (agosto 2025), "En la huella de Facundo" (septiembre 2025), "Donde no siento amor soy extranjero" (diciembre 2025), "Sólo soy" (enero 2026), "Irán" (marzo 2026) y "Nos escribimos cartas" (abril 2026).
-Dice una leyenda que tenemos un hilo invisible atado a nuestros dedos que nos conecta con otras personas... ¿De qué habla "el hilo que une"?
-El hilo que une es el nombre de una canción, que comienza diciendo: buscamos el hilo que une, no la reja que separa; buscamos la cuerda que sube, no la soga que nos ata; y es una manera de señalar este íntimo anhelo de unidad que brota en nuestra experiencia como deseo de amor o como anhelo de belleza. En el amor vivimos la experiencia de unidad con otro ser humano, y en la belleza vivimos esa misma experiencia de unidad con un objeto, como puede ser un paisaje, una obra de arte o una melodía. Unidad quiere señalar aquí la experiencia donde se disuelven los límites aparentemente rígidos que me separan del campo de experiencia al que siento como "no yo" o como ajeno a mí. El hilo que une aquí apunta al hecho de que la experiencia siempre se presenta primordialmente como una unidad, antes de que la dividamos con nuestros nombres y formas. La leyenda que mencionás presupone el hecho de que estamos separados y ese hilo nos conecta. Podemos dar un paso más y comprender en nuestra experiencia que no existe tal división de forma primordial, que es simplemente una fabricación de la mente. Para mí la experiencia musical nos trae ecos de esa experiencia de unidad.
-Regresaste a Buenos Aires después de algunos años en Mendoza, al pie de las montañas, para comenzar otro camino. ¿Qué te trajo desde un valle a la urgencia porteña?
-La verdad que antes que nada debo confesar que es para mí una gran sorpresa volver a Buenos Aires. Una grata sorpresa, sobre todo por esa sensación de que la vida está completamente viva y mantiene esa poderosa capacidad de sorprendernos. Me fui de aquí con treinta y un años, con mi hijo mayor, que en ese momento tenía dos años recién cumplidos y su mamá. Allá en Mendoza tuve dos hijas más y la verdad es que en varios momentos de estos dieciséis años tuve la sensación de alguien que había encontrado su lugar en el mundo. Por eso digo que es una gran sorpresa estar aquí nuevamente. Pero hacía un tiempo que venía sintiendo en Mendoza la sensación de un ciclo cumplido, y cuando mi hijo, que el año pasado terminó el colegio secundario, me sorprendió diciéndome que quería estudiar en la UBA. Entonces empecé a sentir un camino de regreso que se abría. Aquí estoy, en las veredas porteñas, pero por ahora sin urgencias. Un nuevo capítulo. Y si la ciudad se pone muy intensa, allí está la casita del valle para volver a respirar ese aire cuando sea necesario. Hay un doble movimiento en esto: por un lado soy un porteño que vuelve y por el otro, después de dieciséis años, también me siento un poco un provinciano que viene a intentar expandir su voz en el escenario de la gran ciudad.
-¿Cuál es tu camino para ir de la mente al corazón?
-Tantos caminos como seres humanos. Uno de los grandes malentendidos de la historia humana, que han traído tantos conflictos innecesarios es la creencia de que hay un camino mejor que otros, o un camino verdadero y otros falsos. Pero en mi experiencia de artista, el camino al corazón es muy creativo y es siempre nuevo. Yo comparto invitaciones melódicas y poéticas que invitan a transitarlo. Por supuesto que hablamos de una metáfora que refleja pasar de la experiencia mental que es limitada por su propia naturaleza, a degustar ese sabor de la expansión que nos regala el corazón. La mente sabe de libros de recetas, pero el corazón conoce los sabores. Digo que es una metáfora porque hablamos de algo que es esencialmente inexplicable, por eso la música nos deja más cerca que las palabras.
-¿Cómo definís tu estilo musical? ¿Cuál es tu búsqueda artística?
-Hace unos años atrás un periodista definió mi estilo como una mezcla de Paulinho Moska con la cadencia acústica de Jorge Drexler y el aire folclórico del Chango Spaziuk, con el aire de alguien que canta como quien reza. Más allá de sentirlo como un halago en ese momento porque menciona artistas a los que admiro, ahí van muchas de mis influencias: la música de Brasil, no tanto de Paulinho Moska pero sí de artistas como Chico Buarque o Caetano, la presencia del sonido rioplatense, la canción de autor y una presencia a veces más implícita y otras más explícita de la música de raíz folclórica. Una de mis búsquedas artísticas sin dudas es llegar a un sentir universal desde un sonido que exprese también mi lugar y el perfume de mi cultura. Cuando digo mi cultura lo digo con un espíritu abierto y señalando algo siempre en movimiento. Mi cultura es Atahualpa Yupanqui y mi cultura es también John Lennon, porque a ambos los escuchaba en mi casa y me vienen de mis padres. Mi cultura es Facundo Cabral, y mi cultura también es Joaquín Sabina. Dicho esto, imagino que la búsqueda artística más esencial es llegar al corazón de alguien como llegaron al mío los artistas que me inspiraron. La música hizo mi vida muy hermosa, si mi música llega de esa manera a la vida de alguien: trabajo cumplido.
-El país está atravesado por un tiempo complejo, tanto en lo económico como en lo social ¿Que crees que se puede proponer desde el arte para surfear este momento?
-Lo primero que me viene es: sensibilidad. Lo segundo que me viene es empatía. Aclaro que estoy pensando en voz alta. Te respondo esto recién llegado de la marcha universitaria donde decidí acompañar a mi hijo que recién entra en la UBA, pero también fui a apoyar un valor cultural de este país que considero muy importante y muy significativo. Con esto te quiero decir: hay un plano en el que uno se mueve como ciudadano que quizás no involucra directamente al arte que uno hace, aunque lo influye. Pero en el momento de salir a un escenario, en estos tiempos donde desde el poder se legitima un discurso violento y déspota, lo mejor que tengo para ofrecer, dentro de mis limitadas posibilidades es sensibilidad, calma y empatía. Ojalá también pueda aportar belleza, trabajo para eso. Generalmente las personas me agradecen por el estado en el que se van después de un concierto. Sé que es un aporte muy humilde en relación a todo lo que la gente está pasando, pero como decía Atahualpa Yupanqui: la arena es un puñadito pero hay montañas de arena.
-Se viene la presentación en Bar de Fondo ¿Que tenés pensado para esa noche?
-Ya tengo preparada la mayoría del repertorio, seguramente haya muchas canciones de mi último disco, Caleidoscopio, pero también canciones de otros discos y algunos estrenos de temas nuevos como Irán, Nos escribimos cartas y -hablando de influencias- una milonga que se llama En la huella de Facundo. También voy a interpretar una sección del concierto con el armonio, que es un instrumento de la India utilizado para un contexto más ritual y espiritual, pero en este caso lo utilizaremos para cantar canciones populares como el Himno de mi corazón, de Los Abuelos y Panacea del Flaco Spinetta. Entre canción y canción a veces voy acompañando con algún poema, a veces con alguna historia, siempre abierto a la inspiración que traiga el encuentro. Eso es lo maravilloso de un concierto, que es siempre diferente y siempre nuevo. Lo espero con muchas ganas de cantar y compartir la inspiración.
DOMINGO 24 de MAYO 20 hs
en BAR DE FONDO
Julián Alvarez 1200 - PALERMO,CABA
Entradas anticipadas: $20.000
disponibles a través del sitio Entradaweb
https://www.entradaweb.com.ar/evento/8fbcc5b4/step/1
En la puerta: $25.000
Consultas: 113 009-5795
Juan Lucangioli, músico, compositor y escritor, encuentra en la canción su forma más directa y vital de expresión. Con siete discos y cuatro libros publicados, su obra nace del cruce entre la poesía, la experiencia interior y una escucha profunda que trasciende géneros y etiquetas, aunque en sus composiciones se dejan escuchar con claridad influencias de la música de raíz folclórica, de la canción de autor y de la bossa - Juan estudió con Luiz Claudio Ramos, guitarrista y productor artístico de Chico Buarque - . Sus canciones —de raíz sensible y mirada abierta— no buscan explicar, sino tocar algo esencial en quien escucha. En paralelo, su escritura y sus propuestas acompañan ese mismo pulso: no como un camino a recorrer, sino como un reconocimiento de lo que ya está vivo. A través de conciertos, encuentros y retiros, comparte una presencia donde música y silencio se revelan como una misma fuente, en una espiritualidad sin fronteras, encarnada con sobriedad, belleza y verdad. Ha compartido su música en España, México, Colombia, Ecuador, Uruguay y Chile. Su composición "Hasbunallah" inspirada en una frase sufi fue interpretada por la cantante alemana Deva Premal. Nacido en Buenos Aires, vivió en Tucumán, estudió en Río de Janeiro y se radicó por muchos años en Mendoza. Allí, además de ejercer su trabajo como músico, fue el director artístico del festival Americanto y creador del festival “Bendita Música” y se desempeñó como Director Provincial de Desarrollo Cultural de la provincia, donde ha generado ciclos y programas artísticos como “Peña popular itinerante”, “Mendoza en Buenos Aires, “Canción naciente”, entre otros. Además ha dirigido la cátedra libre de extensión universitaria “La Música como Terapia” en la Universidad de Congreso (Mendoza), donde también fue docente de la materia “Música” en la carrera de danza dirigida por Maximiliano Guerra. Tiene editados siete discos: Ezeiza (2002), Disfraces (2006), La Canción de la Eternidad (2011), Puentes (2014), Sonido Primordial (2016), Un Espacio Posible (2020) y Caleidoscopio (2024). Entre 2025 y 2026 lanza a manera de sencillos diez canciones propias. Por momentos tomando forma de peregrino, es un hombre que va viviendo muchas vidas en una vida, y todos esos caminos encuentran en la canción su transmisión más directa.
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