Quinto Elemento

Se estrenó la película Gracias Gauchito, basada en el libro de Orlando Van Bredam


14 de noviembre de 2018

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Gracias Gauchito transcurre en tiempos de la guerra de la Triple Alianza y cuenta la historia del gaucho correntino Antonio Gil Núñez, hoy convertido en figura religiosa: cientos de miles de peregrinos acuden a su santuario cada año para encomendarse a él. Está basada en el libro de Osvaldo Van Bredam Colgado de los tobillos que Ediciones Continente publicó como El retobado. Vida, pasión y muerte del Gauchito Gil.

El retobado
Vida, pasión y muerte del Gauchito Gil
Orlando Van Bredam

 Antonio Mamerto Gil, conocido como el "Gauchito Gil", nació en Mercedes (Corrientes) y fue asesinado en las afueras de esta localidad en la segunda mitad del siglo XIX. Según el mito, fue un 8 de enero, aunque nadie recuerda con exactitud el año. Desde entonces, a raíz de los favores recibidos por sus "promeseros", se ha convertido en el paradigma del héroe y el santo popular no canonizado. A partir de estos datos, Orlando Van Bredam toma la figura de este gaucho perseguido, la cuelga cabeza abajo y la va recreando en toda su humanidad, a lo largo de una singular nouvelle que hoy nos enorgullece publicar en esta nueva edición. A través de un estilo personalísimo, donde no sobra ninguna palabra ni falta ningún sentimiento, y cuya aparente sencillez es prueba de gran destreza literaria, el autor logra que los lectores se enamoren del protagonista y que al final se sientan atravesados por el mismo cuchillo que lo degüella como a un cordero. No se puede no coincidir con Francisco Romero en que «es el mejor relato sobre el mito del Gauchito Gil, abordado como sólo la mejor ficción puede hacerlo, desde la tensión entre la historia y la literatura. Difícilmente pueda hallarse un texto con un registro donde la prosa roce con tanto filo la poesía».

 
Ortando Van Bredam nació en Villa San Marcial (Entre Ríos), en 1952. Es Magíster en Lengua y Literatura, profesor en Letras y Licenciado en Gestión Educativa. Actualmente dicta las cátedras de Literatura Iberoamericana, y Teoría y Crítica.Lleva publicados varios libros de cuentos y las minificciones La vida te cambia los planes (1994, Río de los Pájaros) y Las armas que carga el diablo (1996, con apoyo financiero de Fundación Antorchas). En 2007 recibió el Premio Emecé por su novela Teoría del desamparo. Y su novela La música en que flotamos (La Cuna, 2009) fue finalista del Premio Clarín 2007. En 2007, minicuentos de su autoría fueron incluidos en la antología El límite de la palabra (Menos Cuarto, Palencia, España), considerada por la revista cultural Ñ (Clarín) como el mejor libro de cuentos del año. Algunos de sus textos han sido traducidos al portugués, al francés, al flamenco y al alemán.

ENTREVISTA, por Gustavo Grosso


Orlando Van Bredam escribe y disfruta del sonido de las palabras; las combina con elegancia y maestrìa, encontrando formas cargadas de ironìas y homor para describir un mundo desigual. Lo verosimil de sus personajes, su acercamiento al día a día hace que sus textos atrapen y atraviesen al lector. Vive en Formosa, provincia cruzada por un aire cálido y por ríos que arrastran historia. Autor -y premiado por esa obra- de Teoría del desamparo, está ubicado en el sitial selecto de escritores argentinos: tiene a favor la intensidad y el compromiso, la búsqueda permanente y los sobresaltos que hacen a la pasión de un escritor. Hace algunos años investigó y convirtió en libro la historia del Gauchito Gil. En esa charla, el autor entrerriano ahonda en la vida del santo, en los desamparos de la sociedad, en sus libros, en el calor formoseño...


-¿Cómo surgió la idea de investigar acerca de la vida de Antonio Mamerto Gil?
-En el año 1992, cuando se sabía muy poco sobre Antonio Gil en todo el país, viajaba desde El Colorado con mi familia en auto hasta Gualeguaychú, al llegar a las proximidades de Mercedes, en el lugar donde está el santuario del gauchito, el auto se rompió y debimos quedarnos dos o tres días hasta que lo arreglaran. Durante ese tiempo, los vecinos del lugar, incluido el mecánico, me hablaron del mito y generaron mi interés. Mayor fue este interés cuando el mecánico me aseguraba que la rotura del auto no era una casualidad sino un llamado de atención del gauchito por pasar por su santuario sin detenerme, sin encender una vela o tocar bocina. Antes de reiniciar el viaje me exigió que colocara una cinta roja en el espejo retrovisor o de lo contrario volvería a tener problemas mecánicos. No lo hice y los tuve. Sorprendido y asustado regresé al taller y el hombre me llevó hasta el santuario, compró una cinta roja y después de llevar a cabo un pequeño ritual en la cruz del santo, volvióal auto y la ató en el espejo. Todo esto no hizo más que aumentar mi asombro y el deseo de saber algo más sobre este personaje tan singular. Desde entonces y durante ocho años me puse a investigar el tema y en el verano de 2000, escribí la novelita. 

-¿Por qué el gauchito fue un retobado?
-Antonio Gil no es un bandido rural sino un desertor del ejército de entonces, alguien que se negó a participar de los atropellos y guerras injustas de su época, un verdadero rebelde, un "retobado" según el registro gauchesco. Se lo acusó de robar pero la justicia lo absolvió enseguida por falta de pruebas, sin embargo, cuando lo llevaban a Goya, donde estaba el juzgado que había ordenado su captura, por orden de un poderoso del lugar, Valentín Valenzuela, y un jefe de policía que lo consideraba un mal ejemplo por su rebeldía, decidieron colgarlo de un árbol y degollarlo.

-¿Qué mirada tiene le iglesia acerca de la figura del Gauchito?
-Hay distintas miradas sobre Antonio Gil. En los primeros tiempos fue negado y combatido por considerarlo un fetichismo ajeno a la religiosidad cristiana. Actualmente, por obra de los mercedinos, entre ellos el padre Julián Zini, se lo respeta y el 7 de enero se hace una misa en la catedral de Mercedes en su homenaje, no se lo considera un santo pero ya no se ignora su trascendencia popular y la raíz católica de su liturgia pagana.

-Usted aborda el cuento, la poesía, la novela breve, el ensayo y hasta el teatro ¿por qué eligió ser escritor? ¿que recuerdos tiene de sus primeras lecturas?
-Sí, he abordado todos los géneros con mucha osadía, casi como una manera de probar mis posibilidades, aunque cada género tuvo su momento, no fueron escrituras y búsquedas simultáneas. Mis primeras lecturas estuvieron ligadas a la narrativa, los clásicos como "La isla del tesoro" de Robert L. Stevenson, libro que me deslumbró y de alguna manera a los nueve años me inculcó el deseo de escribir. Siempre me recuerdo escribiendo o dibujando historietas desde esa edad. La novela gótica, sobre todo "Drácula" de  Stoker a los catorce años, ratificó mi entusiasmo.

-¿Cómo surgió la idea de escribir una novela como Teoría del Desamparo?
-En el año 1996, publiqué un libro de minificciones, Las armas que carga el diablo, con un cuento muy breve titulado "Cuento de horror" (ver recuadro), en el que planteaba la hipótesis de qué pasaría si una mañana cualquiera a un anónimo vecino le pusieran un cadáver en el baúl de su auto. Palabras más o palabras menos, ese es el comienzo de la novela Teoría del desamparo, las primeras dos páginas. Siempre tuve la impresión de que esta historia daba para mucho más, así es que, en el año 2003, volví a ella y la fui enriqueciendo con todo aquello que no dejaba de darme bronca: la política rastrera, el oportunismo, la corrupción. Enseguida advertí que todo esto tenía nombres y apellidos concretos y muy cercanos. Toni Segovia, el diputado de la novela, es muy reconocible para cualquier formoseño que haya leído el texto. Muy poco tuve que inventar, muchas de las anécdotas y dichos utilizados para caracterizar al personaje son reales o, al menos, pertenecen al imaginario popular de esta provincia.

-Noveló una teoría del desamparo y le significó premios y reconocimientos. Si pensamos que la realidad a veces supera a la ficción ¿frente a qué está desamparada la sociedad argentina?
-Es una pregunta muy interesante que puede tener muchas respuestas, pero hoy creo que el mayor desamparo de nuestra sociedad es frente a los medios de comunicación, sobre todo la televisión por su cotidianeidad avasalladora. La gente ya no piensa la realidad, le deja ese lugar al periodista preferido y esa relación es dañina porque le borra al televidente el sentido común, la capacidad de analizar los datos desde una perspectiva objetiva, dice lo que otros dicen y al cabo se convence sin indagar si es verdadero o posible. Lo terrible es cuando desaparece la pluralidad de opiniones y con distintos matices escuchamos lo mismo. Es el fin de la democracia. No me gusta y siento que es el peor de todos los desamparos porque desmoviliza al ciudadano. 

-¿Cuáles ha sido -y es- el aporte de la microficción a la literatura?
-En primer lugar, la microficción exsitió siempre (las fábulas de Esopo, las parábolas de Jesús, etc) , sucede que en los últimos años, gracias al aporte de muchos académicos, se ha planteado como un subgénero narrativo. Es una escritura propia de nuestra época por su brevedad, su espontaneísmo y como toda la literatura, sobrevivirán aquellos textos y autores que logren permanecer a través del tiempo. 

-¿Que ocurrió en Rincón Bomba y por qué se interesó en esa historia?
-En octubre de 1947, un escuadrón de gendarmeria, asesinó en La Bomba o Rincón Bomba, un paraje situado a cinco kilómetros de Las Lomitas (Formosa) a quinientos pilagás desarmados y enfermos, entre ellos, muchas mujeres y niños. Este hecho atroz, como muchos otros, fue ocultado por el Estado y contó con la compicidad de los vecinos de Las lomitas a quienes se les dijo que se trataba de un malón de indios armados. En 2005, los pilagás presentaron una denuncia formal ante el juzgado federal de Formosa y el hecho tomó estado público. Me interesó esta historia para ayudar a que se conozca esta masacre y para cuestionar la "inocencia" de los desentendidos.  

-¿Cómo es la vida en El Colorado?
Muy tranquila, muy calurosa, muy familiar.  

-Alguien dijo por ahí que dentro de este mundo existe otro mundo ¿Cómo es el mundo de Orlando Van Bredam?
-En mi mundo, a contramano de muchos, hay más libros que mensajes de textos, tecnología pero sin abuso, sólo lo necesario para no aislarme demasiado, un nieto de cuatro años con el que juego como si tuviera su edad, una compañera que hace cuarenta años me lleva la contra en todo pero sigue a mi lado, amigos que la literatura y la docencia me han acercado y son mis consultores obligados a la hora de publicar. En fin, un mundo feliz. 

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