Quinto Elemento

Lucio Arce: "La ironía es mi territorio, donde yo me siento cómodo. Hay gente que es inmune a la ironía. Qué le voy a hacer"


05 de octubre de 2022

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La Nueva Nostalgia es el quinto disco de Lucio Arce. Doce canciones propias (incluyendo dos colaboraciones); 
seis tangos y otras seis en diversos géneros: milonga, vals, cumbia, guaraña, bolero y son cubano. Hay humor, hay drama, melodrama y por lo menos tres muertos. Todo bajo la impecable dirección musical de Néstor Basurto, que ha sabido rodear a Lucio de algunos de los mejores músicos de la Argentina.

-Estás presentando La nueva nostalgia, tu flamante trabajo discográfico ¿En qué se parece y en qué se diferencia de anteriores discos?
-Se parece en que son todas canciones mías, con 2 colaboraciones. Se diferencia en que son canciones nuevas, que yo las canto, que hay 6 tangos en distintas formas: con orquesta, con conjunto de guitarras, con trío de piano-bandoneón-contrabajo. Hay un son cubano, una cumbia, un bolero, una guaraña, una milonga y un vals. Creo que la variedad hace que sea divertido de escuchar.  

-¿Cómo fue el trabajo en conjunto con Néstor Basurto? ¿Por qué lo elegiste al Flaco para la dirección musical del disco?
-Trabajo con Néstor desde 2006. Desde A la salida del cabaret (2012) es mi productor. Además de su capacidad musical de 360 grados, tiene una ética de trabajo sólida, capaz de generar confianza y un clima de trabajo fértil para la ideas. A Néstor le tirás un ladrillo y te devuelve una casa. Mejora todas las canciones con ideas originales. Me guió con paciencia y sabiduría para que sea el mejor cantor que puedo ser. Eso no es fácil.  

-Algunos títulos de tus canciones cuentan una historia de un puñado de palabras: "El pibe nos va a salvar", "Que mal te quedó la cara", "Me quedo por el pibe", por mencionar unas pocas. ¿Desde donde componés? ¿Cómo surgen letras que entremezclan humor, ironía, una historia y muchas veces una melodía tanguera?
-Las ideas para las canciones vienen de todos lados. De un libro, de leer a los poetas, de los diarios, de conversar con amigos, de escuchar lo que otros cuentan. La cuestión es captar las 2, 3, 4 ó 5 palabras que capturen una idea. El resto es sentarse y dedicarle tiempo para que aparezca. A veces sale en media hora. A veces demora semanas, meses, años. A veces no sale. La ironía es mi territorio, donde yo me siento cómodo. Hay gente que es inmune a la ironía. Qué le voy a hacer. Uno se sienta a escribir una canción, sin la imposición previa de un género. A mí me salen tangos, aunque a veces salen otras músicas. Muchas de las historias que pasan hoy, piden tango para ser contadas. Me gusta usar un género vernáculo para contar las historias de acá. 

-Se viene la presentación del trabajo nuevo, en Rondeman. De a poco, la pandemia va quedando a un costado y los encuentros con el público son más cotidianos ¿Cómo viviste todo el tiempo de encierro, de incertidumbre, sin poder tocar en público?
-Me pasé casi toda la pandemia en Los Ángeles, California, acompañando a mi mamá que tenía que hacerse una operación de rodilla medio complicada, y después hacer la terapia de recuperación. Allá también tengo a mis dos hermanas, a las que adoro. Tocaba un poco la guitarra, pero tuve muy poca actividad musical. Pero no me quejo. Salía a andar en bicicleta casi todos los días. Las calles estaban desiertas. Fue muy interesante. 

-¿Existe una renovación en el tango? ¿Cómo ves el panorama de nuevos letristas y nuevos cantores?
-El tango en Argentina es una expresión subterránea. Y turística. Hasta los argentinos tienen una actitud turística con el tango. El tango nuevo es el subterráneo del subterráneo. El sub-subterráneo. Música popular no masiva, ausente en los medios de comunicación. Sin embargo, seguimos haciendo tangos nuevos, los que veníamos de antes y los pibes y las pibas con historias que contar. Claramente, por afuera de la industria, por afuera del negocio. El artista argentino es indestructible. Nunca se rinde. Te cierran el boliche, buscás otro. Te lo cierran, armás una movida en tu casa. Esta lucha nunca se va a terminar. 

-Sos futbolero, le ponés condimento ligado al fútbol a muchas letras ¿Qué te pasaba cuando jugaba Román?
-Román elevaba el fútbol a un nivel artístico. Una expresión espontánea y repentina, original y bella. Son pocos los que pueden hacerlo. Mucha gente no los entiende. Hay que cuidar a los artistas. No quiero vivir en un mundo sin artistas. El aburrimiento es el peor enemigo de la humanidad. El artista es el enemigo del aburrimiento. Román es un artista. La letra de Cuando juega Román es de Walter Saavedra, reconocido relator y poeta marplatense que vive en Florida. Yo hice la melodía. Tenía que ser una cumbia… santafesina. 

Domingo 9 de Octubre 
20hs
en RONDEMAN ABASTO, 
Lavalle 3177 (CABA).
Junto a Cuarteto Barracas y  Artistas Invitados
Entradas $1600
en  www.tuentrada.com

Nació en la ciudad de Nueva York, hijo de inmigrantes argentinos que regresaron a Buenos Aires cuando tenía poco más de un año. Lucio padre, gran cantante de ducha, tocaba en la casa discos de Frank Sinatra, Edmundo Rivero y Julio Sosa. Su abuela lo arrullaba con canciones de Gardel y Azucena Maizani. En su adolescencia, Lucio hijo agregó a Los Beatles, CSN&Y, Led Zeppelin, Almendra y Charly García.
Cuando Lucio tenía 15, su hermano Juan decidió que no iba a tomar su última clase de guitarra, porque ya tocaba mejor que la profesora y se aburría sin piedad. Su mamá Loly, argumentando que la clase ya estaba pagada y era un crimen perderla, le pidió a Lucio que fuera. Fue un acierto que hasta el día de hoy le agradece.
Más tarde, armó su primer grupo importante: Los Sex-Convictos, inspirado por los B-52′s, Elvis Costello y Devo, donde se animó a componer sus primeras canciones. Siguió con Los Anteojos, como compositor y cantante. 
Temas como “China básica” y “Sólo quiero ir al baño” son cantados hasta el día de hoy por sus amigos. 
En 1985 emigró a los Estados Unidos. Allí tuvo una exitosa carrera como creativo publicitario, escribiendo innumerables jingles para el mercado hispanoparlante. 
En 1998 lo echaron de la agencia en la que trabajaba, iniciando una profunda y postergada crisis. Empezó a trabajar de manera independiente y en su abundante tiempo libre, a escribir tangos. También a cantarlos en un restaurant argentino, Café Che, acompañado por Dino Durand, un talentoso músico que arregló y produjo su primer álbum, Tangos Inesperados (2002). Celebrado por la crítica especializada, lo presentaron con gran suceso en el Conga Room, un prestigioso salón de Los Ángeles. Para entonces, sus visitas a la Argentina eran más frecuentes y prolongadas. A fines de 2003 decidió regresar. Lo que no pudo vender, lo regaló y se instaló definitivamente en Buenos Aires a principios de 2005, con el proyecto de hacerse un lugar como artista de tango. Ese año armó Los del Zaguán, un trío de guitarras con quien grabó su segundo disco, ¿Trajiste la guitarra? (2007), producido por Sebastián Luna, en el que colaboraron Ernesto Baffa, Pablo Agri, Daniel Melingo y Néstor Basurto. 
En 2012 editó A la salida del cabaret. En 2018, Tributo a mí mismo, al que invitó a cantores amigos a cantar sus canciones. Producido por Néstor Basurto, incluye las voces de Carlos Rossi, Osvaldo Peredo, Facundo Radice, el mismo Néstor Basurto, entre otros grandes cantores. En 2022 nos sorprende con La Nueva Nostalgia, un álbum con 6 nuevos tangos y 6 nuevas canciones en las que visita otros géneros populares: milonga, vals, guaraña, bolero, son y cumbia. Néstor Basurto estuvo a cargo de la producción.
 

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